El artista argentino Daniel Santoro nos ofrece una reflexión en clave semiótica sobre la expresión de las arquitecturas y las gráficas de estado peronistas.
Daniel Santoro nos ofrece una reflexión en clave semiótica sobre la expresión de las arquitecturas y las gráficas de estado peronistas.
Para dinamizar su lectura, Santoro inicia su reflexión con una comparación entre la arquitectura Stalinista y la peronista. La estalinista, con planos netos como cristales y grandes columnatas, transmitía la imagen de un estado potente y poderoso. En las gráficas, los humanos se deshumanizan con aristas marcadas en entornos con perspectivas fugadas, como si los trabajadores fueran máquinas de hacer la revolución. Una humanidad que avanza al ritmo de una locomotora.
El peronismo, en cambio humaniza, ablanda los rasgos humanos para expresar el goce del trabajador. “El obrero argentino es acolchonadito, alguien que goza, con carne, necesidades humanas y una familia en pleno ascenso social,” dice Santoro. De acuerdo a Santoro, el peronismo generaba burgueses de clase media, no una continuidad proletarizada.
En la entrevista nos habla de tres expresiones paradigmáticas de la arquitectura de gestión estatal del peronismo. La ciudad infantil donde Evita plasmó su imaginario de ascenso social en el marco de un capitalismo compartido con todo un repertorio relacionado con el confort. La solución habitacional a través de la construcción de chalets californianos trabajaba sobre el imaginario de los sectores populares y contradecía la tradición de la vivienda social “obrerista.” Por último la obra institucional se caracterizó por una compleja coexistencia de estéticas, que lejos de una clausura ideológica le dió lugar a profesionales de diversos orígenes ideológicos.





