Para Carlos Scolari, investigador en comunicación, toda teoría es un hacer conversacional. En esta entrevista, su decir -su teorizar- migrante y transmedia traza el mapa de sus devenires entre Rosario y Europa, entre la revolución digital y sus relecturas necesarias.
Según Google, el término Scolari puede referirse a dos personas conocidas. Uno es entrenador de fútbol. El otro es investigador en comunicación.
En el prólogo de Ecología de los medios. Entornos, evoluciones e interpretaciones (2015), Carlos Alberto Scolari —el investigador en comunicación— afirma que una teoría puede pensarse como un campo conversacional: un espacio donde sujetos más o menos competentes intercambian discursos sobre un tema. Retomando a Austin (1982), Scolari sostiene que toda teoría es un hacer performativo. Hacemos teoría con las palabras. Decires donde se manifiestan consensos y conflictos, donde se ponen en juego diversos capitales simbólicos. Una red de conversaciones, un tejido de compromisos lingüísticos, dice Carlos.
Cada vez que interviene en el tejido de los compromisos lingüísticos universitarios, Scolari teoriza -conversa- sobre plataformas, interfaces, evolución mediática, microformatos, narrativas transmedia, medios digitales, semiótica, hipermediaciones, lecturas, sociología, fósiles mediáticos, hibridaciones, ciberculturas, inteligencias artificiales, series, videojuegos, transalfabetismos, distopías.
Su decir comenzó en Rosario en los años ‘60. Luego se volvió migrante, políglota, trashumante, cruzando el mar de Sudamérica a Europa / sobre un espejo lleno de sal. Antes de echar raíces en España, se graduó como Licenciado en Comunicación Social en la UNR. En 2024 regresó a la ciudad para recibir el título de Doctor Honoris Causa. En su laudatio, Fernando Irigaray destacó que su obra es hoy referencia obligada en Escuelas de Comunicación, Periodismo y Diseño de Iberoamérica.
La performatividad del hablar de Scolari se hace de huellas. Fragmentos de conversaciones que habitan su lengua. Un lenguajear sostenido muy especialmente en la ecología de los medios: una “teoría transmedia a todos los efectos” cuya reflexión comienza con la aparición del lenguaje, sigue con la transición de la oralidad a la escritura, llega hasta nuestros agitados días de vida digital y en algunas ocasiones no renuncia a delinear escenarios futuros” (pag. 18).
Antes de indagar en la cultura snack y las leyes de la interfaz, Carlos fue una voz clave en las conversaciones sobre narrativas transmedia: universos que se despliegan a través de múltiples plataformas y soportes, donde las audiencias no sólo consumen, sino que co-crean y transforman la trama. Para Scolari, todo productor transmedia es “un diseñador de interfaces narrativas que vinculan textos, personajes, tramas, audiencias, clubes de fans, medios y lenguajes”. Estos procesos revelan, además, “el carácter arquitectónico” del diseño narrativo, con especial énfasis en la creación de mundos habitables.
En su paso por derivas, invitado a la máquina conversacional de la entrevista, Scolari traza un mapa personalísimo: de las rebeliones universitarias a las IA, conectando con Gramsci, McLuhan, el fervor político, las grietas, la revolución digital, las relecturas, la plataformización y sus guerras. Un episodio particular e irrepetible de la teoría como buena conversación.





