“Nada de lo que hago está desconectado de mí misma”, dice Flor Garat, diseñadora gráfica, docente de FAPyD y creadora de Mundo Argentino. Aquí, una invitación a espiar su derivas creativas, un universo donde coexisten la chica del palo, Evita, Marilyn Monroe, la isla y el baipás.
1_ ganas de diseñar
El próximo año celebro 30 años como diseñadora gráfica. Como muchos de los que compartimos esta profesión, siempre sentí la necesidad de tener, al menos, una pata autogestiva. Fue una mezcla de necesidad, altibajos del mundo profesional y ganas de diseñar, en el medio de otras cosas, lo que yo quería.
Se podría llamar emprendimiento, pero prefiero definirlo como una producción cultural. Desde que me gradué, he creado marcas, tanto en solitario como en colaboración con otros. En los primeros años, diseñé objetos, calendarios, remeras. En 2001, con mi hermano, abrimos un negocio llamado El Escaramujo, que ofrecía productos de diseño propios y de otros. También se dictaban talleres, y ya sabemos cómo terminó ese cuento. Nos tocó vivir la madrugada en la puerta de la Escuela de Cadetes, esperando a que liberaran a conocidos y desconocidos, mientras recibíamos la noticia del asesinato de Pocho, de quien yo era amiga.
Después trabajé brevemente en una revista que ya no existe. En 2004, debido a un cambio político importante con la anulación de las leyes de impunidad y la apertura de juicios por delitos de lesa humanidad, decidí hacer una pausa de unos seis años en mi carrera profesional. En ese tiempo, asumí la Dirección de Investigación del área jurídica de los juicios de lesa humanidad, en la agrupación H.I.J.O.S. Rosario. Fui parte de esta hasta la finalización de la causa “Guerrieri I”, en 2010.
2_ militar la alegría
En 2008, me inscribí en la Escuela de Animadores de Rosario. Mi trabajo final fue una animación sobre la Didáctica de la alegría de Leopoldo Marechal. Si bien ahora veo esos dibujos con muchos defectos, me conmueve haberme propuesto, en ese momento, militar la alegría y volver al dibujo.
En 2011, junto a Carla Lanzone, una artista de nuestra ciudad, creamos la marca ¡Ester Primavera!, amor vuelve. La inspiración para esta marca surgió del deseo por tener una cartera de Evita, que nunca conseguía. De ahí nació todo lo que vino después.

En Ester, me encargué de los diseños y la identidad de la marca, mientras que Carla se ocupó de la moldería, los productos y la elección de materiales. Juntas creamos una línea de bolsos de diferentes tamaños y materiales, entre otros productos.

Diseñé estampas de Evita, Perón, la máquina de coser, el abrazo, el Rosariazo y el mapa del T.E.G. También hice una serie llamada Vírgenes Suicidas, que incluía a Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, Marilyn Monroe y Virginia Woolf. Los diseños combinaban retratos de estas mujeres con elementos de sus suicidios, como pastillas, ríos estancados y mares. También creé una serie llamada Sabihondos y Suicidas, con figuras como Kurt Cobain, Freud y otros. Otra de la serie Presos Argentinos, inspirada en Warhol, que no causó mucha gracia, Vendíamos en ferias y en algunas tiendas.
En 2013, la sociedad con Carla comenzó a disolverse y, con ella, la marca. Pero mi obsesión por conseguir cosas relacionadas con Evita continuó. Fue entonces cuando diseñé Mundo Argentino, un homenaje a nuestro universo simbólico. Los primeros productos fueron pines de acrílico: uno de Evita y otro de la jarra de pingüino. La elección de los pines fue para llevar algo pequeño y significativo, un gesto sencillo pero declamativo.


Hice un sellito que decía Declaraciones de amor. Luego, llegaron pines de El Gauchito Gil, La Nube, El Jacarandá, Las vacaciones, entre otros.

3_ coleccionar imágenes
En Mundo Argentino, me encargo de todo: el diseño del producto, la elección de materiales, el packaging, las piezas promocionales, las redes sociales, las fotos, los videos caseros de lanzamientos y la comercialización. Me convertí en una coleccionista de imágenes, una archivista. Acumulo gigas de contenido sobre nuestra identidad.


Nada de lo que hago está desconectado de mí misma. Dejo afuera las cosas ajenas o forzadas. Estoy pegada a cada cosa. Incluso, a veces me encuentro dándole un beso a un pin.
Cada pieza que diseño está hecha con dedicación, y muchas de ellas requieren de mi mano para ensamblarlas, pegarlas, armarlas. Me gusta alternar el tiempo frente a la computadora con el tiempo en la mesa de trabajo, ir y venir entre dos mundos.

En 2016, lanzamos un pin esmaltado de La Chica del Palo, y para esa fecha reflexionaba sobre qué importancia tenía el color del palo o la falda en una figura de 1969. Pierdo toda la mañana pensando en qué color elegir ¿Es importante el rigor histórico? ¿O es más importante que un pin despierte curiosidad? Esta contradicción me sigue acompañando. Los pines vienen con stickers.

En 2018, comencé un taller de joyería para explorar nuevas posibilidades materiales. En este espacio, me sumergí en el juego con fuego y metales. Joyas en el barro. Lancé nuevos productos y armé campañas para las que contraté una fotógrafa y un videógrafo.
En 2019 diseñé una nueva serie de pañuelos: manifestaciones textiles basados en autores de la literatura argentina contemporánea. Estos pañuelos fueron un homenaje a sus obras y a su belleza poética y, sin querer cumplir una función pedagógica, también sirvieron para despertar curiosidad y propiciar el gusto por la lectura.

4_ prender fuego
“Tapiz, cartera, pin, pañuelo, boina, parche, remera, bordada, y ahora en mi brazo derecho: tatuada. La chica del palo es mi mujer maravilla, biónica y punk. También es la que corría el mismo día que mi papá. Ella corre con la ropa que tenía puesta en el momento de correr. Quiere prender fuego”.
Publiqué el texto La chica del palo en el catálogo Revolucionistas. Rebeliones (y) feminismos en 2019, cuando participé con mi telar tapiz y aportando también material propio de archivo sobre la militancia de H.I.J.O.S e H.I.J.A.S.: un cassette de un escrache de 1998 que se podía escuchar en sala. En esa oportunidad, a 40 años de los Rosariazos, saqué una nueva versión que incluye el fuego.

“Es la fuerza pero también la posibilidad de lo colectivo: ese fuego no era el único que había en la ciudad, ese fuego no se hizo con un solo palo. Es infinita, a pesar de su moda, y somos todas las que queremos correr y prender fuego a algo, las de todos los tiempos mientras haya un viejo mundo que siga dando qué dejar atrás”.






